En todos los rincones de la Costa Brava y el Pirineo de Girona, como en el resto del territorio catalán, el otoño sabe a castañas y panellets. Estos dos productos...

En todos los rincones de la Costa Brava y el Pirineo de Girona, como en el resto del territorio catalán, el otoño sabe a castañas y panellets. Estos dos productos le aportan un gusto especial a la cultura gastronómica catalana cuando los bosques se llenan de tonos ocres y rojizos, y cuando los días empiezan a ser más fríos y cortos. Curiosamente, el origen de la popular Castañada se remonta a antiguas celebraciones funerarias de la cultura celta. Se celebra en torno al día de Todos los Santos y está asociada a la entrañable figura de la castañera, una mujer habitualmente mayor que asaba castañas en la calle y las vendía a los transeúntes, bien calientes y envueltas en cucuruchos de papel. Vestida con prendas de abrigo, faldas amplias y un pañuelo a la cabeza, utilizaba fogones con forma de copa. Por ello, en Girona hoy en día se denomina La Copa al espacio que ocupan las castañeras en las Ferias de Sant Narcís. Aunque hoy en día ya no es habitual ver castañeras por las calles, todavía puedes encontrar numerosos puestos donde se asan castañas para degustarlas bien calientes mientras das un paseo. También es costumbre acompañar las castañas y los boniatos asados con moscatel u otros licores dulces. En estas fechas también es frecuente consumir panellets. Son pastelitos caseros de almendra, azúcar, yema de huevo y patata o boniato, que se consumen como postre el día de Todos los Santos. Es una tradición viva, por lo que se preparan en los colegios y en muchos hogares. En las pastelerías también encontrarás una gran variedad de estos dulces, desde los más clásicos de piñones hasta los de chocolate, coco, naranja, limón y un largo etcétera de sabores.